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Mundo Invisible

domingo, febrero 12, 2006


Necesito hablar de mi leal compañera, que me acompañó por más de 15 años, aquella que apenas pedía comida y cariño, sin embargo llenaba las horas más tristes, me acompañaba en las noches solitarias y me sacaba sonrisas cuando me encontraba enojada.
Esa compañera que llenó nuestra casa con su pequeña y silenciosa presencia, esa compañera que nos fue llenando el alma. Nuestra perrita Laika, que ha partido al más allá dejando una profunda huella en nuestros corazones.

Para muchos era tan sólo un animalito, para nosotros era mucho más que eso, con su inocencia era capaz de cuidarnos, alegrarnos, darnos calor y consuelo. Nuestra Laika era todo eso y mucho más. La mayoría de las personas que la conocieron se encariñaron con ella, cómo no hacerlo si su única meta en la vida era dar y pedir cariño. Detrás de su llegada a nuestra casa, hay una historia, su historia que es nuestra historia también.

Fue el año 1990, Alfredo y yo haríamos un viaje de un mes, a mí me parecía un largo tiempo y temía que mis niños nos extrañaran mucho, en especial Tamara que apenas tenía dos años. Mi gran amiga Marigloria me sugirió que les dejara un perrito, y me dio incluso la dirección donde podría ir a recoger uno abandonado. Allí llegué una tarde de Junio, fría, invernal. Era una casa en el Km.4 del camino a Farellones. Encontré muchos perritos, yo buscaba el más lindo para llevar a casa, y alrededor mío daba vueltas una perrita negra, chica, flaca, fea. La corrí a un lado varias veces, para poder ver mejor los otros perritos, hasta que llamó tanto mi atención que la miré con detención y sus ojitos me dijeron algo que en ese entonces no entendí, pero que hoy tengo muy claro.
Para sorpresa de los cuidadores del hogar, decidí llevármela a casa. Me advirtieron que venía saliendo de una bronconeumonía, que ya había estado en dos casas y la habían devuelto. Igual me la llevé. La puse en el piso del auto, pero ella saltó a mis piernas, quizás tenía miedo de ser abandonada nuevamente. La puse otra vez en el piso, pero a los pocos segundos de un sólo salto estuvo en mis piernas otra vez. Allí se acomodó y no pude bajarla. Conduje todo el camino con ella en mi regazo. Creo que en ese mismo instante se me metió en el alma para no volver a salir jamás.
Cuando llegué a casa con la perrita aún en mi regazo, los niños estaban felices, no podían creer lo que sus ojitos veían. Al día siguiente me fui de viaje. Cuando volví, me di cuenta que se había transformado en una gran amiga de los niños, sin embargo, en ese momento no me di cuenta que sería la más fiel e inseparable compañera que tendríamos todos, pero en especial José Pablo. Así, lentamente se fue haciendo parte de la familia, ya nada se hacía sin ella, era una más de nosotros, no había reunión en la que ella no participara, los amigos, la familia, la gente de la oficina, todos la conocían o nos habían oído hablar de ella.

Ahora que ya no está, la recuerdo y lloro intensamente, no me importa si algunos no entienden mi pena o nuestro cariño por ella, no me importa si se ríen o nos encuentran locos o exagerados, verdaderamente no me importa. Sólo sé que ella entendía nuestros cambios de estado de ánimo, nuestras alegrías, nuestros días malos. A mí me acompañaba cuando me quedaba sola, cuando estaba triste o feliz. Siempre con el mismo amor, con la misma lealtad. Era una compañera fiel, que me hacía sonreír cada vez que necesitaba apoyo, aunque no hablara, ella sabía escuchar y querer. Ella logró que surgiera en mí una especial manera de hablarle, que ahora que se ha ido ni siquiera puedo recordar.
No olvidaré nunca que a su manera ella me amaba, la forma como captaba mis dolores. Como no poseía el don del lenguaje, movía intensamente su cola, gemía y lamía mis manos, las mismas con que la castigué un par de veces, pero su capacidad de perdón era infinita.

Era capaz de captar la tristeza y la rabia, en esos momentos acompañaba en silencio, pero cuando se daba cuenta que estaba contenta ladraba, me hacía reír y disfrutaba conmigo. Cuando estábamos solas jugábamos a que yo me escondía para que ella me buscara, Siempre me encontró. En cualquier parte de la casa que yo me encontrara, allí llegaba ella y se quedaba largas horas acompañándome. No hablaba, pero entendía cada una de las palabras que decíamos, leía nuestros ojos, captaba nuestros sentimientos y emociones. Nos quería a todos, de una u otra extraña forma, siempre estuvo al lado del que más la necesitaba, cuántas noches durmió con Tamy, otras al lado de Alfredo o pegada a mí, pero la mayor parte de su vida, la pasó junto a José Pablo.
Le bastaba una caricia, le bastaba un poco de atención para sentirse feliz. Fueron tantos años juntos, tantos momentos felices en que siempre estuvo allí. Cómo sabía entender mi angustia cuando mis hijos no estaban. Cómo captaba mis dolencias físicas, se sentaba a mi lado y me lamía, era su manera de decir te entiendo, quiero ayudarte a calmar los dolores.

Nuestra pequeña Laika nos enseñó tantas cosas, sólo bastaba con observar sus ojos para darse cuenta de que existe el amor, la fidelidad y la humildad, tres características que hacen que valga la pena vivir y amar en este mundo. Bastaba con mirar sus ojos para darse cuenta de la lealtad y el cariño que ella generosamente nos ofrecía.

Ahora que no está conmigo, que sólo tengo su recuerdo, pienso en lo mucho que los seres humanos anhelamos tener una mascota fiel, de la que nos sintamos orgullosos cuando va a nuestro lado por la calle, sin embargo, no nos damos cuenta que ese animalito será todo lo ideal que anhelamos dependiendo exclusivamente de nosotros mismos, del modo en que la enseñemos, del modo en que la tratemos; si le damos violencia será agresivo, si le damos amor entregará ternura. En alguna parte encontré un escrito que decía: “El ser humano manifiesta su alma a través del lenguaje, los animales a través de sus actos”. Ella nos mostró su alma generosa en todo momento.

Estuvo con nosotros toda la niñez y adolescencia de Pablo y Tamara, compartiendo sus diabluras, sus angustias, sus descubrimientos, creciendo con ellos. Siendo tan pequeña fue muy fuerte, valiente y vivió con dignidad. Mi hijo dice que ella nunca asumió que sólo era un animalito, una perrita. Tuvo las mejores virtudes de los seres humanos, y ninguno de sus defectos. Era lo más parecido a la perfección que he conocido en este mundo.

No sabía que se podía querer tanto a un animal, hasta que la perdí. Estoy tan agradecida de todo lo que me enseñó sin siquiera hablar, pero lo que más ha marcado mi vida es que me enseñó a querer sin condiciones. Aprecio más la vida y la valoro más aún desde que conocí a mi perrita, ella me enseñó a vivir con alegría, el aquí y el ahora. Ella era pureza, inocencia y sabiduría. Doy gracias a mi Pablo por llamarme para que pudiera despedirme de ella. Juntos la acompañamos en sus últimos minutos de vida. Se durmió en nuestros brazos, con todo el amor que fuimos capaces de darle. Por Dios, cómo duele haberla perdido.

Ahora que no la tengo, miro al cielo y quiero creer que desde alguna estrella nos está mirando y nos cuidará. Doy infinitas gracias a Dios por enviarnos tanto amor a través de ella, por habérnosla mandado y darnos la oportunidad de amar un animalito tan profundamente, que estoy segura nos hará mejores personas.

Mi niña querida, muchas gracias por todo lo que nos diste, te extrañaremos toda la vida.
MONICA

miércoles, octubre 19, 2005


La adicción al dolor

Me gusta ser adicta a las cosas positivas, a la felicidad y al bienestar propio y de todas las personas. Creo que el dolor es autodestructivo cuando se convierte en un hábito o en una adicción, cuando lo perpetuamos y nos alimentamos de él.
Es muy difícil darse cuenta cuando nos encontramos frente a quienes hacen del dolor un hábito de vida, porque no tienes signos tan claros o evidentes como sí lo tienen los adictos a las drogas o al alcohol.

Cuando me detengo a reflexionar en el dolor, puedo ver que, muchas veces, este actúa como una motivación, como el motor que pone en marcha a las personas, por ejemplo, pensemos en la reacción que ha manifestado la comunidad después de un terremoto o una inundación; de alguna manera, el dolor propio o ajeno es el motor que nos hace reaccionar para ir en ayuda de los que están sufriendo y colaborar con tiempo o dinero para aliviar a otros.

En nuestro vocabulario habitual la palabra dolor está incorporada como “algo obligado”. Si alguien tiene una vida de pocos sufrimientos, con más cosas positivas que negativas, normalmente decimos que “no madurará, porque con el dolor se crece”, “que no sabe lo que es la vida”, etc.
El poeta Amado Nervo dijo: “Yo soy el arquitecto de mi propio destino”, y eso me hace pensar que deberíamos reconocer que la mayor parte de las veces, cada cual es responsable de lo que le sucede, de las decisiones que toma, de los caminos que elige. Por lo mismo, creo que aquellos que nos parecen más felices, más lejanos al dolor o con pocos dolores en su vida, es porque su propio actuar motiva esta “falta de sufrimientos”, sus motores se ponen en marcha para movilizar lo positivo de sus vidas.

Cuando una persona tiene múltiples dolores, sentimos compasión y empatía por ella, de alguna manera, con este sentimiento o actitud estamos diciendo que sólo merecen toda nuestra atención aquellos que sufren, por lo tanto, cooperamos a producir en aquellas personalidades adictas al dolor la necesidad de perpetuarlo, porque así tendrán la atención de los demás.

Yo siento compasión por los que sufren, pero siento empatía por los que son felices, me contagian, me contaminan con su alegría, me alejan de las actitudes negativas y autodestructivas.
El dolor es parte de la vida como lo es la felicidad, pero el primero lo aceptamos y valoramos, y sin embargo, a la felicidad le damos un valor circunstancial, breve y esporádico. Nos fomentan y, a su vez, nosotros transmitimos la idea que el dolor es y debe ser parte de nuestra vida.
No estoy en contra del dolor, muy por el contrario, pero le doy la misma importancia que a la felicidad, considero que el sufrimiento es sólo un aviso, una constancia, un impulso para hacer cambios en mi existencia. El dolor golpea a nuestras vidas ya sea originado por nuestras propias acciones o por los designios de Dios o simplemente el destino, para aquellos agnósticos. Pero, la mayor causa de sufrimientos se debe a nuestro propio actuar, a nuestras elecciones. Entonces, ¿por qué insistimos en soportar el dolor estoicamente, en lugar de jugarnos enteros para volver a sentir felicidad?
No estoy diciendo que haya que evitar o rechazar el dolor, sino que hay que buscarle un sentido, entender por qué ha llegado a nuestra vida, sufrirlo, vivir el duelo e iniciar los cambios necesarios que nos permitan recuperar la alegría, tanto en nuestras relaciones amorosas, en el trabajo, en la amistad, y en todos los actos de nuestra vida. De esta manera, “Yo soy el arquitecto de mi propio destino”.

martes, octubre 18, 2005


¿En qué consiste la Fibromialgia?

La fibromialgia es una enfermedad que ataca los músculos y otros tejidos blandos del cuerpo. Es muy frecuente, especialmente en las mujeres, pero puede afectar a hombres, ancianos y niños. Se trata de un padecimiento que causa dolores generalizados, rigidez articular y muscular. El nombre de fibromialgia se deriva de “fibro”, o tejidos fibrosos (tendones y ligamentos), “mios”, o músculos, y “algia”, que significa dolor.
El síndrome de fibromialgia se ve cada vez más como una condición que comparte mucho con ciertas enfermedades sistémicas que afectan a órganos específicos

Las personas que sufren de Fibromialgia presenta múltiples puntos sensibles y dolorosos a la presión y en zonas bien específicas. La mayoría de los pacientes tienen rigidez articular, especialmente en las mañanas o después de haber estado un rato en una misma posición.
Los principales síntomas son el dolor en hombros, cuello, espalda, zona lumbar y caderas. Es necesario aclarar que no ocasiona dolor o hinchazón de las articulaciones, más bien, produce dolor en los tejidos blandos alrededor de las articulaciones, que se irradia a distintas partes del cuerpo.

La Fibromialgia puede presentarse sola o asociada a otras enfermedades reumáticas. Muchos enfermos de Fatiga Crónica, por ejemplo, desarrollan Fibromialgia (o Fibrositosis).
Otros síntomas que acompañan los anteriores pueden ser las cefaleas, dolores de la cara y de las mandíbulas, trastornos digestivos, mayor urgencia para orinar y entumecimiento, hormigueo o calambres en las extremidades. En muchos pacientes se producen particulares dolores del pecho o de las partes superiores del cuerpo, que se conocen como "dolores y disfunciones del tórax". A menudo, también pueden presentar una condición llamada "costocondralgia", que es un dolor muscular en donde las costillas se unen al esternón, que tiende a confundirse con problemas cardiacos.

Causas y Diagnóstico

El origen o causa de la Fibromialgia se desconoce. La comunidad científica ha encontrado algunas relaciones de esta enfermedad con los trastornos del sueño, con el estrés, anomalías en el sistema inmunológico y con problemas en el sistema endocrino y en el sistema nervioso central. Precisamente, por el desconocimiento de sus causas y porque los exámenes de laboratorio y de rayos no arrojan alteraciones, es que es de difícil diagnóstico.
Hasta ahora se define como una enfermedad dolorosa pero que no daña los tejidos.
Para que un paciente se pueda considerar con fibromialgia, debe tener al menos 11 de los 18 puntos que se muestran en la figura superior, sensibles al dolor o de extrema sensibilidad.

Tratamiento

No existe un tratamiento que cure la Fibromialgia. A los pacientes se les recomienda ponerse en manos de un Reumatólogo y descartar primero otras enfermedades que también presentan síntomas similares.
Los medicamentes que se utilizan tienen por función mejorar la calidad del sueño y producir una relajación muscular. Para ello, los médicos recetan algunos ansiolíticos o antidepresivos. También se usan los analgésicos y las infiltraciones locales con corticoesteroides en ciertos puntos específicos que ayuden a disminuir el dolor.
El tratamiento debe ir acompañado de terapia física, idealmente guiada por un kinesiólogo, con aplicaciones de calor local, masajes y ejercicios para mantener la movilidad y fortalecer los músculos.
El hecho de que un paciente presente inicialmente síntomas severos de Fibromialgia, no quiere decir que no pueda tener mejoría con un programa de tratamiento diseñado hábil y concienzudamente, con la participación de una variedad de profesionales médicos y paramédicos que pueden concentrar y coordinar sus esfuerzos logrando un resultado positivo.
Fuente:
Missouri Arthritis Rehabilitation Research and Training Center
Fibromyalgia Association of Greater Washington, Inc.

jueves, octubre 06, 2005



Algunos de ustedes se estarán preguntando ¿y en qué consisten estas enfermedades que producen tanta controversia?


Empecemos hablando del “Síndrome de Fatiga Crónica” (SFC).

Es una enfermedad que presenta múltiples síntomas, entre ellos la fatiga y el agotamiento, son los que más controversia producen, no obstante, siendo la fatiga el síntoma más constante, no es el más grave en todos los pacientes. Para algunos, los síntomas más severos son los dolores de cabeza o cefaleas, los dolores en las articulaciones, los dolores musculares, los trastornos de la visión, la pérdida de memoria, el dolor en los ganglios linfáticos y otros tantos dolores en distintas partes del cuerpo.
Hay pacientes para los cuales la intensidad de estos síntomas llegan a ser totalmente invalidantes y, persistir durante años, para otros, pueden ser leves hasta el punto de significar tan sólo una molestia. Muchos de ellos empiezan con molestias y terminan incapacitados para continuar con su vida habitual.
¿Cómo se diagnostica la enfermedad?
En general, al examen físico sólo se presentan algunas anomalías, tales como sensibilidad dolorosa en los músculos y ganglios linfáticos, siendo más intensos cuando se presionan, también puede encontrarse inflamada la garganta.
Los análisis de laboratorio sólo permiten descubrir ciertas anomalías mínimas, a veces, ninguna. Existen análisis de laboratorio muy complejos que pueden arrojar resultados anormales, pero son difíciles de interpretar para la mayoría de los médicos y prácticamente no les prestan atención.
Los pacientes refieren múltiples e intensos padecimientos somáticos y presentan sólo leves anomalías en el examen físico y de laboratorio, por este motivo, es que muchos médicos desestiman la enfermedad y califican a la persona de “hipocondríaca”. Esos facultativos desconocen el síndrome, y les llama la atención que una persona pueda sentirse tan mal presentando un aspecto exterior normal, e incluso, relativamente bueno.
Como el paciente sigue en una creciente incapacitación, terminan por diagnosticarle un “estado depresivo”. Con esto se vuelve a un círculo vicioso que termina por destruir emocionalmente al paciente.
La especialización no siempre es buena
Existen diversas opiniones respecto de qué especialista puede detectar la enfermedad. Un reumatólogo la puede ver como una forma de artritis, un psiquiatra como una enfermedad mental, un inmunólogo como una manifestación de alergias.
Es así, como los médicos internistas o generalistas hayan sido, prácticamente los únicos, que han podido reconocer la multiplicidad de síntomas de la Fatiga Crónica como un síndrome específico que merece atención.
Pero, estamos en la era tecnológica y de mucha especificidad, por tanto, no es frecuente que los especialistas pongan atención a los generalistas. Sin embargo, los especialistas no han logrado hacer grandes progresos en el estudio de la enfermedad, principalmente por la ausencia de “patologías” en los órganos de su especialidad.
Así es como, en estos tiempos de medicina de especialidades (para mí, bastante desintegrada), un paciente del SFC podría consultar a decenas de especialistas diferentes sin que ninguno de ellos pudiera dar con el motivo de sus padecimientos.
Lo cierto es que nos encontramos frente a una enfermedad que afecta a todos los sistemas del cuerpo humano y al mismo tiempo produce muy pocas lesiones a la vista, situación que merece la atención y el estudio en profundidad y sin prejuicios.
Fuente: Libro del Dr.David S. Bell, M.D., “The Disease of a Thousand Names”

martes, octubre 04, 2005



Bienvenidos al Mundo Invisible.
Les puede parecer raro el nombre de Mundo Invisible, pero más raro es que exista un porcentaje aproximado del 4% de la población mundial que pertenece a este mundo y aún no exista la conciencia y el amplio conocimiento de ello.

¿Qué es el mundo invisible?
Es un mundo, inserto en nuestra sociedad, formado por aquellas personas que sufren de Fibromialgia o de Síndrome de Fatiga Crónica, dos enfermedades a las que últimamente tienden a llamarlas “enfermedades invisibles”.

El apodo se debe a que hasta hoy, no se ha podido encontrar marcadores biológicos que sean capaces de detectar estas enfermedades. El único referente que existe para diagnosticarlas, son los síntomas que refieren los pacientes, más una enorme cantidad de exámenes y análisis que sólo tiene por finalidad descartar la presencia de otras enfermedades “conocidas”.
Este es el motivo por el cual algunas personas, médicos entre ellos, las han puesto en tela de juicio, simplemente porque la ciencia médica no ha encontrado hasta hoy respuestas a las causas y al tratamiento de los variados síntomas.

Quienes sufren de estos males, sienten múltiples dolores en el cuerpo y, sobre todo, una tremenda fatiga que no desaparece con el reposo. Ambos síntomas pueden llegar a ser invalidantes, lo que produce, además, una brutal incomprensión social, porque en apariencia, estos pacientes no tienen nada, sin embargo, la mayoría de ellos debe hacer un tremendo esfuerzo cada día para lograr levantarse y reunir las fuerzas para iniciar un nuevo día, manteniendo la esperanza de encontrar la solución, que les augure un mejor mañana.

No obstante el tremendo esfuerzo por tener fe y una actitud positiva ante la vida, el mundo médico, al no encontrar muestras tangibles de los dolores o el cansancio, simplemente los califican como “enfermos invisibles” o “cuadros depresivos”. Lo primero es peyorativo y tiende a desatenderlos o a ignorarlos. La segunda calificación, sólo consigue estigmatizarlos, no porque la depresión sea un estigma, sino porque al no distinguir entre “no tener ánimo para levantarse” y “no tener la capacidad física de levantarse”, lo único que se logra es eternizar la enfermedad y aumentar las limitaciones que la fatiga y los dolores les produce.

Por todo esto, y mucho más que irán conociendo, he decidido crear este blog, con el objetivo y la esperanza de generar conciencia y de informar a toda la sociedad, en especial a médicos, familiares, amigos y el medio laboral, que rodean a estos pacientes “invisibles” y que aún los siguen poniendo en tela de juicio.

El motivo más importante de compartir estas páginas con ustedes, es sensibilizar la opinión pública, para lograr que a estos enfermos de Fibromialgia y Fatiga Crónica, se les trate de forma justa y respetuosa, y que los gobiernos asignen fondos para estudiar estas enfermedades y encontrar sus causas y formas de tratamiento.
Mónica Ramírez